Cocina del barroco, expresión poblana

Redacción

PUEBLA, MÉXICO.- La cocina mexicana del barroco se caracterizó por la compleja elaboración de sus platillos.

La comida poblana del siglo XVI se dice que nació en los conventos al compartir las españolas, criollas, indígenas y negras sus tradiciones culinarias que aportaron sabores y olores de ingredientes que llegaron de los diversos continentes dando como resultado una nueva cocina, la barroca. Durante los siglos VII y XVIII comenzó un proceso que cambió para siempre el sabor de la tradición culinaria.

Lee más sobre “Rescata chef poblano utensilios prehispánicos en cocina contemporánea”

A los moles prehispánicos se les añadió pimienta, clavo y canela; además de ajonjolí y uva pasa. Los chiles y las frutas se conjugaron en excelentes guisos con nombres inolvidables, como el “manchamanteles”. En el silencio de los conventos, una nueva tradición endulzó la cotidianidad con almendras, pasas, nuez y piñones.

Sor Juana, máxima musa del periodo novohispano, no pudo ni quiso huir de la magia de estas cocinas conventuales de grandes ollas de barro y talavera.

 

“No hay guiso más castizo y barroco que el mole; pues en él se resumen los elementos del mestizaje”

En Historia y mestizaje en México, a través de su gastronomía, Mónica Niembro y Rodolfo Téllez aseguran que “no hay guiso más castizo y barroco que el mole; pues en él se resumen los elementos del mestizaje, ya que lo mismo para hacer un buen mole se requiere de productos como el chocolate y el guajolote, tanto como el clavo y la canela: los primeros de la tierra, los dos restantes llegaron con los hispanos.”

Mole, verdadera tradición prehispánica